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jueves, 19 de marzo de 2015

El hombre que arreglaba las bicicletas Ángel Gil Cheza

Conocí este libro un día paseando por la cuesta Moyano en Madrid. No lo compré porque estaba un poco sucio pero me quedé con las ganas así que, cuando el otro día lo vi en La casa del libro, no lo dudé y me lo llevé en edición de bolsillo. 

Hay títulos que llaman mucho la atención y para mí éste fue uno de ellos. Títulos que tienen algo y que intuyes que te van a llevar a un interior que te va a gustar. El hombre que arreglaba las bicicletas es un nombre, cuando menos, misterioso y atrayente y no pude evitar llevármelo a casa.

Los primeros capítulos me llevaron un poco al desconcierto. Son capítulos cortos y de ágil lectura pero por un momento pensé que no me estaba enterando de nada. Consejo: leedlos y no dudéis de lo que leéis. Enseguida descubriréis qué ocurre. 

Artur Font, escritor de novela negra, ha dejado todas sus posesiones en herencia a su viuda, a su hija y a una tercera persona que no se sabe muy bien quién es ni de dónde sale. Su viuda, Natalia, no se explica que esta tercera persona exista, pero, desgraciadamente para ella, existe y además es una mujer. Una mujer irlandesa para más señas ¿Qué relación habría entre ellos? ¿Sería su amante? ¿De dónde vendría? La lectura del testamento les lleva a convivir hasta que se tomen las decisiones que se tienen que tomar. Durante esta convivencia descubriremos a las dos mujeres y a la hija adolescente y sus respectivas historias. Qué les ha llevado hasta ese punto y a dónde les llevará después de conocer los detalles. 

El libro me ha gustado mucho pero el final me ha parecido muy precipitado, como que le falta algo de chicha. Me habría gustado saber algo más de la relación de estas mujeres. Por lo demás me ha parecido una historia muy bonita. Es fácil ponerse en la piel de las protagonistas y sentir lo mismo que ellas. 

El libro está compuesto por capítulos cortos, lo que facilita la lectura. Es más, se corre el riesgo de leerlo del tirón si se anda con algo de tiempo libre. Yo, como últimamente leo sólo en la cama, no lo hice, pero porque me habría muerto de sueño al día siguiente, no por falta de ganas. 

En resumen, El hombre que arreglaba las bicicletas me ha gustado mucho. Es un libro ideal para leer en unas pocas tardes, sin prisa pero sin pausa (siempre vamos a querer saber más) No puedo hacer otra cosa que recomendarlo. 

¿Podemos imaginar con qué interés leeríamos seiscientas páginas de información subliminal de un antiguo amor? ¿Con qué deleite buscaríamos doble sentido a cada palabra, a cada coma?