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martes, 8 de enero de 2013

El diablo de la botella Robert L.Stevenson

Con ilustraciones de Pablo Ruiz y traducción de Federico Villalobos.

Hace varios meses me tocó este libro en un sorteo que hizo Meg en su blog y hasta ahora no me había puesto con él. La verdad es que no sé muy bien por qué, pero lo dejé en la estantería de casa acompañando a un montón de libros pendientes de lectura. El caso es que esta mañana cuando salía de casa para ir al trabajo lo he cogido, casi como un impulso. He leído los 25 minutos de trayecto en el bus y ahora otros 30 minutos aprovechando que tenemos mucho tiempo para comer en la oficina y ya lo he terminado. Todo el tiempo he tenido la sensación de estar leyendo un cuento con moraleja y así lo he visto al final también.

El libro es muy cortito y viene acompañado de ilustraciones que amenizan la lectura. Son ilustraciones oscuras, en blanco y negro, y que hacen referencia a lo que el autor nos está contando.
Imaginad por un momento que tenéis posibilidad de comprar una botella que os concederá cualquier deseo que tengáis y que una vez hayais conseguido lo que queréis lo único que tenéis que hacer es volver a venderla, pero por una cifra inferior. 

Ahora imaginad que esa botella es una botella del diablo y que si os morís teniéndola en vuestro poder bailaréis en el infierno por toda la eternidad. La cosa cambia un poco, ¿no?

Realmente no parece muy peligroso: compras la botella, pides los deseos que quieras y la vuelves a vender más barata. Pero, ¿qué pasa si después nadie te la compra? El precio a pagar es muy alto... ¿Vosotros qué haríais? ¿La compraríais? Yo quiero pensar que no la compraría, pero siempre tendré la duda de qué haría (menos mal que el diablo no anda por ahí vendiendo felicidad)
Keawe es el protagonista de esta historia. Un día mientras pasea se encuentra con un hombre que le ofrece una botella que le hará realidad cualquier sueño que tenga, eso sí, la botella es del diablo y le recomienda volver a vender la botella una vez que consiga lo que quiere porque si no se quedará para siempre en el infierno. Keawe, que desea con todas sus fuerzas tener una casa bonita y grande en su pueblo natal, no se lo piensa mucho y se la compra. Consigue la casa y vende la botella, pero no sabe que la vida es muy puñetera y un tiempo después volverá a buscar la botella para pedir otro deseo. Qué pasa después ya no lo voy a contar porque entonces os contaría la historia entera pero me ha resultado interesante saber hasta dónde llega la gente por conseguir lo que quiere.

El libro me ha gustado mucho y me ha sorprendido. Como decía antes es muy cortito y se lee muy rápido (tanto que no tengo lectura para volver a casa hoy) Tiene una moraleja muy importante y da mucho en que pensar porque, ¿qué precio estaríamos dispuestos a pagar por satisfacer nuestros deseos? ¿Por encima de la felicidad de cuántas personas estaríamos dispuestos a pasar para conseguirlo? Creo que este libro daría para abrir un importante debate moral. ¿Estarías dispuesto, ya no digo a comprar, sino a vender una botella del diablo y condenar a quien la compre? Ahí lo dejo...

-¿No me estará engañando? -dijo Keawe.
El hombre pronunció un solemne juramento.
-De acuerdo, me arriesgaré -dijo Keawe-, porque no veo que pueda pasarme nada por esto.
Le dio el dinero al hombre, y el hombre le entregó la botella.
-Diablo de la botella -dijo Keawe-, quiero recuoerar mis cincuenta dólares.

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Por otro lado en el sorteo en el que gané el libro también me tocó una película de DVD (todos conocemos la afición de Meg por el cine): El discurso del rey. Una película que tenía muchas ganas de ver y que no me defraudó cuando la vi. Se me hizo un poco lenta en una de las partes pero me gustó mucho. Os dejo el trailer y aprovecho para deciros que si no la habéis visto deberíais hacerlo.