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domingo, 5 de julio de 2015

Odiseo. El juramento. Valerio Massimo Manfredi

Si algo tengo claro cuando cojo un libro de Manfredi es que voy a pasar un buen rato. Ya me pasó con la trilogía de Alexandros y con El ejército perdido y ahora me ha vuelto a pasar con Odiseo. El juramento.

A pesar de que la historia de Odiseo (Ulises) es muy conocida yo no había leído nada sobre él hasta ahora y, aunque no puedo decir que me ha sorprendido la historia, sí que hay cosas que pasan que no conocía. Otras muchas eran de esperar como por ejemplo qué pasa con Aquiles (el del talón, ya sabéis) o con la guerra de Troya y su caballo.

A lo largo de los primeros capítulos conocemos a Odiseo desde que es un niño que espera la llegada de su padre, el rey de Ítaca, hasta que se convierte él mismo en rey. De la mitad hacia el final nos damos cuenta de que si hay algo que quiere y desea Odiseo por encima de todas las cosas es vivir su vida en paz con su familia: sus padres, su mujer, Penélope, y con su hijo pequeño. Sin embargo Helena de Esparta, más conocida en la historia como Helena de Troya, provoca una terrible guerra al abandonar a su marido, Menelao, y fugarse con Paris, príncipe de Troya. Esta guerra llevará no sólo a Odiseo, sino a todos los demás reyes, a luchar en las puertas de Troya durante años. Y aquí es donde yo me pregunto si merece la pena sacrificar tantas vidas porque una mujer haya sido infiel a su marido. El orgullo de éste ha sido herido, no lo dudo, pero de ahí a pasar años atrincherado junto a miles de hombres más, matando y muriendo, sólo porque no acepta que le han dejado, me parece el colmo del sinsentido.

Odiseo es la persona elegida para tratar de llegar a un acuerdo con Troya para que devuelvan a Helena, y cuando estos se niegan, es quien lidera las estrategias a seguir en las batallas. Odia estar en la guerra, pero hizo el juramento (de ahí el nombre del libro) de proteger y luchar del lado del elegido por Helena contra cualquier agravio.

El juramento: Helena de Esparta era tan hermosa que todos la querían como esposa. Odiseo al ver que su belleza podría traer problemas propuso que todos los pretendientes hicieran un juramento:

- ...No se trata simplemente de una mujer, es Helena de Esparta, y será ella quien elija a aquel de vosotros que quiera como marido. Todos lo demás jurarán fidelidad a ese matrimonio como si Helena se hubiera prometido con cada uno de vosotros. Juraréis uno tras otro a medida que seáis llamados por el heraldo, descalzos sobre la piel recién descuartizada de un toro gigantesco inmolado a los dioses de los Infiernos. Y sed felices: desde este momento, hasta que Helena haya pronunciado un nombre, cada uno de vosotros puede soñar con ser el elegido.

Tenemos infinidad de personajes mitológicos conocidos en este libro (Aquiles, Paris, Laertes, Menelao, Penélope...) Todos tienen su importancia en la historia aunque he de reconocer que en algún momento me he visto un poco perdida con tanto nombre extraño (extraño para mí, claro). Por lo demás el libro me ha gustado mucho. Lo tenía desde hacía mucho tiempo esperando en la estantería (uno de los muchos que tenía pendiente desde que me fui a Chile) y lo he disfrutado mucho. La historia de Troya termina. El libro tiene un final. Pero es un final abierto en el que se ve a Odiseo en un barco. Punto. Si llega y en qué estado llega a su destino tendremos que averiguarlo en el siguiente libro de Odiseo. El retorno  (me da a mí que en éste aparecerán las famosas sirenas del libro de Homero) No sé vosotros pero, en lo que a mí respecta, no me lo pienso perder.

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Muchas gracias a Grijalbo por el ejemplar (y siento el retraso en publicar la reseña)


viernes, 19 de febrero de 2010

La sombra de Alejandro Frédéric Neuwald

Después de leer ALÉXANDROS I, II y III decidí que quería ver algo de cine relacionado con Alejandro Magno así que fui a la biblioteca a sacar la película Alejandro de Oliver Stone. Nada más entrar vi un libro en un pasillo que llamó mi atención por la portada y por el nombre que se podía ver a simple vista en ella: efectivamente, Alejandro de nuevo.

Lo cogí, leí la sinopsis y lo dejé donde estaba. Di una vuelta por la biblioteca hasta que encontré la película y volví a bajar a la planta en la que estaba el libro. Justo cuando pasaba por su lado me di cuenta de que no tenía nada para leer en el metro camino de casa así que estiré la mano, lo cogí y lo saqué junto con la película. Tiene la letra bastante grande, se lee con cierta facilidad y gracias a los dos personajes principales, resulta una lectura amena. A mí me ha entretenido, me ha intrigado y me ha ayudado a seguir formando una imagen de Alejandro en mi cabeza, a pesar de que casi no se habla de él en todo el libro.

Después de la muerte de su hermano Etti, lo último que le falta a Morgan Lafet es cargar con un adolescente en prácticas cuando tiene que ir a inventariar todas las antigüedades que el profesor Bertrand ha dejado como legado al museo del Louvre después de su muerte. Sin embargo no le va a resultar fácil deshacerse de él. Esta pareja, formada por Morgan Lafet y Hans Peter, de treinta y tantos y veinte años respectivamente, es la pareja protagonista del libro. No comienzan la relación con muy buen pie que se diga, pero poco a poco empiezan a comprenderse mutuamente creando un vínculo fuerte entre los dos. Después de meterse en varios líos por tratar de encontrar la tumba de Alejandro Magno y darse cuenta de que cada vez están más involucrados en una serie de asesinatos y misterios sin resolver, saben que sólo pueden confiar el uno en el otro. El tono de humor, bastante irónico unas veces y muy directo otras, hacen que esta pareja caiga simpática desde el primer momento. Su aventura les lleva desde París a Alejandría, Esparta, Atenas y un largo etcétera siempre bajo la protección y en algunos casos a través del "chantaje" de un misterioso personaje llamado Helios. Éste irá previniéndoles de los peligros que les acechan en cada lugar y en cada momento. Sin embargo, a pesar de que en determinado momento utilice un sutil chantaje para conseguir lo que quiere, no hay duda de que el tal Helios es uno de los "buenos" por así decir. Y con esto no quiero decir que sea una hermanita de la caridad, no. Simplemente que no va en contra de los protagonistas como otros personajes que, por supuesto, yo considero los malos.

Para mí ha sido una grata sorpresa encontrar este libro justo en el momento que lo encontré. No podía haber encontrado uno mejor para después de Manfredi.

Mi mano voló hacia su rostro en una fracción de segundo, y luego el tiempo pareció detenerse. Tendido en el parquet, derribado como un bolo, Hans no se atrevía a esbozar un gesto o a emitir una queja.

Ante aquel cuerpo encogido, frente a aquellos ojos azules que me taladraban, velados de lágrimas involuntarias, me di cuenta de que sin duda era la primera vez que alguien le levantaba la mano.

Habría querido que me insultara, que me devolviera el bofetón, pero no hizo un solo gesto, no dijo una palabra, y yo me senté en el sillón de Bertrand, dándole la espalda. No podía mirarle a la cara. Yo, un bruto de noventa y ocho kilos, acababa de golpear a un niño. Había pegado a un crío porque este, al igual que todos los chiquillos que carecen de las condiciones físicas necesarias para hacer frente a la violencia, había tratado de hurgar en la herida que a su modo de ver dolería más.

Tendría que haberme disculpado, tratar de explicarme, pero lo único que pude decir fue:

-Ve a esperarme en el coche

Obedeció sin siquiera una protesta o un suspiro de enojo. Yo le daba miedo, y eso era terriblemente desestabilizador para él.

En relación a la película de Alejandro, sólo decir que debí haber hecho caso de los comentarios que la tildaban de malísima. Anjolina Jolie sale impresionante de guapa al principio de la película (y dice esto alguien para quien no es santo de su devoción esta actriz). Eso es lo que más puedo destacar de la película. Menos mal que me pude desquitar viendo al día siguiente, en la pantalla plana y con el sonido envolvente a todo trapo, 300. Eso sí que es una película de guerra.

jueves, 21 de enero de 2010

ALÉXANDROS II - Las arenas de Amón Valerio Massimo Manfredi

Todo el mundo con el paso del tiempo va formando su personalidad y va decidiendo los valores por los que cree que merece la pena vivir, luchar y morir. Alejandro, rey de Macedonia, no iba a ser menos y a lo largo de la segunda parte de la trilogía se va viendo una evolución en su persona.

Alejandro sigue siendo un "niño" de veinte años cuando llega a Asia y tiene que tomar decisiones que quizás terminen siendo erróneas, pero que nadie se atreve a discutirle.

Lo que destacaría de Las Arenas de Amón sobre todo es la lucha tanto directa como indirecta entre Memnón y Alejandro. Memnón es un mercenario griego que ha jurado fidelidad al Gran Rey Darío y que por lo tanto lucha del lado de los persas; es decir, en contra de Alejandro. Sin embargo éste, que aprecia tanto a los buenos amigos como a los buenos enemigos, le considera el único rival digno para él. No quiere luchar contra Darío; no quiere luchar contra un ejército cualquiera de persas; sólo quiere enfrentarse con Memnón y con sus soldados cara a cara. A pesar de que se ven una única vez se hacen la guerra el uno al otro durante casi todo el libro utilizando diferentes estrategias y devolviendo todos y cada uno de los golpes.

En una de las batallas la tropa de Alejandro sufre importantes bajas y éste decide ir a negociar con Memnón que le dejen recuperar los cuerpos sin vida de sus soldados

-¿Por qué has traído la guerra a estas tierras?

- Los persas fueron los primeros en invadir Grecia. Yo estoy aquí para vengar la destrucción de nuestros templos y de nuestras ciudades, para vengar a nuestros jóvenes caídos en Maratón, en las Termópilas, en Platea.

-Mientes -replicó Memnón-. No te importan nada los griegos y a ellos no les importas nada tú. Dime la verdad. No le hablaré de ello a nadie.

El viento aumentó de intensidad y envolvió a ambos guerreros en una nube de polvo rojizo.

- He venido para construir el más grande reino que se haya visto jamás en la tierra. Y no me detendré hasta haber alcanzado las olas del Océano del fin del mundo.

-Es lo que me temía -asintió Memnón.

-¿Y tú? No eres un rey, no eres ni siquiera persa. ¿A qué tanta obstinación?

-Porque odio la guerra. Y odio a los jóvenes alocados y desconsiderados que, como tú, quieren conquistar la gloria a costa de ensangrentar el mundo. Yo te haré morder el polvo, Alejandro. Te obligaré a volver a Macedonia, a morir de una puñalada como tu padre.

El soberano no reaccionó ante la provocación.

-No habrá nunca paz mientras haya fronteras y barreras, lenguas y costumbres distintas, divinidades y creencias diferentes.

He puesto este fragmento de la novela porque la última frase de Alejandro me parece terriblemente cierta. Según parece las fronteras son las culpables de la mayoría de guerras; y eso nos guste o no, siempre ha sido, es y será una verdad indiscutible.

Como ya dije en el post anterior no conozco nada de la vida y milagros de Alejandro Magno, por lo que no sé cómo acabará la trilogía. Lo que sí sé es que me he descubierto muchas veces pensando en Alejandro mientras hacía otras cosas. Caminando por la calle, haciendo la compra e incluso un par de veces ¡en clase de danza del vientre!. Me tiene enganchada a sus historias y estoy segura de que cuando acabe la trilogía volveré a leer más cosas sobre él. Ahora mismo sólo espero que el tercer libro no me defraude.

sábado, 19 de septiembre de 2009

El ejército perdido Valerio Massimo Manfredi

Hay quien dice que para ser chica tengo gustos raros en cuanto a literatura y cine se refiere porque me gustan las películas y los libros de guerra. Sin embargo para mí estas historias describen unas situaciones y unas emociones mucho más intensas que cualquier otro estilo literario. El miedo se intensifica. El amor se multiplica. La pasión con que se vive cada momento es mil veces mayor que en cualquier otra situación. La alegría y el júbilo son emociones que pueden hacer parecer dementes a los que la sufren. La derrota y la victoria están tan cerca la una de la otra que muchas veces es difícil distinguir en qué bando está una u otra.

Sencillamente la guerra es un tema que me parece apasionante. Sé que es un tema duro y que siempre leeré cosas que no quiero leer por lo duro que pueda resultar hacerlo, pero aún así me gusta y eso no lo puedo cambiar. Un simple hecho puede convertir en héroe o en villano. Un grito puede dar valor al más cobarde y una mirada aliento al que está a punto de desfallecer.

Quizás el hecho de que el libro esté narrado por una mujer que nada tiene que ver con la guerra -igual que yo- hace más verosímil, a mis ojos, la historia que cuenta. Es un punto de vista que no deja de sorprenderme en toda la historia pues está narrado de tal manera que aunque sabes que es una mujer quien la cuenta, muchas veces parece que esté siendo contada por un hombre. Me he sorprendido varias veces volviendo a la realidad y diciéndome: "¡Anda! ¡Pero si era Abira quien estaba contando la batalla!".

Y precisamente es con Abira con quien da comienzo El ejército perdido. Una niña que pensaba que viviría toda su vida en la monotonía de su aldea y que decidió huir cuando apareció en su vida Jenofonte, un soldado enrolado en un ejército de mercenarios que para ella era el príncipe azul con el que siempre había soñado. A pesar de no haber cruzado ni una palabra con él decide abandonar su aldea, sus amigas y su familia. Desde ese momento se convierte en una de las muchas mujeres que acompañan a los soldados durante el tiempo que dura la guerra a la que se dirigen.

El ejército perdido cuenta el espíritu de supervivencia de los 10.000 bajo el punto de vista de esta muchacha que con el paso del tiempo y del observar la actuación de los soldados, se convierte casi en una más de ellos. Es capaz de ver, sentir e intuir más cosas que el más cualificado de los soldados a pesar de que nadie creerá, a excepción de Jeno en algunos casos, lo que dice una mujer.

Ciro forma un ejército para derrotar a su hermano Artajerjes y quedarse con el trono. Cuando en la primera batalla Ciro muere a manos de su hermano mayor el ejército de mercenarios que había contratado lucha para encontrar la manera de volver a su casa de la manera más rápida posible. Sin embargo el camino más rápido no es siempre el más seguro, así que no pueden coger el camino por el que había llegado. Para volver a su tierra los Diez Mil luchan contra los ejércitos de las montañas, las inclemencias del tiempo, el ejército vencedor y contra las conspiraciones.

El ejército perdido
empieza muy fuerte, enganchándote desde el primer momento; unas páginas después afloja un poco haciéndote dudar si realmente podrás terminar de leer; por último entras en un torbellino de guerras, intrigas, conspiraciones, pasiones, miedos, envidias y afán de superación que te mantienen pegado al libro durante horas para terminar con un final a medias sorprendente, a medias predecible.

Por último me gustaría comentar y sobre todo alabar el trabajo que Valerio Massimo Manfredi ha hecho al ponerse en la piel de una mujer y saber defender sus valores como cualquier mujer habría hecho.

Pensé en mis amigas que dormían en sus camas calientes y limpias en las casas que olían a cal y no las envidiaba, como no las envidio ahora que quizá tienen hijos e hijas y un marido que piensa en ellas mientras que yo no tengo a nadie. No las envidio porque yo he hecho el amor con la tierra como yacija y el cielo como techo, y cada beso, cada respiro, cada latido del corazón me ha hecho volar cada vez más alto, sobre el desierto, sobre las aguas del Gran Río, sobre el horror de aquella jornada sangrienta.

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-Eh, tú, bastardo, ¿por qué no miras dónde pisas? ¿Es que no ves a esa con el barrigón que has tirado al suelo? Su coño no vale ahora nada, ¿verdad? Menos que nada, maldita sea, y que reviente no le importa un carajo a nadie, pero si no hubiera sido una como ella la que te llevó en su vientre durante nueve meses tampoco tú existirías. ¡Corre, maldita sea, corre para que te jodan!

Para gran asombro mío había pronunciado palabras que en condiciones normales me habría sonrojado solo de pensarlas, pero el hombre se detuvo y se quitó el yelmo descubriendo una doble hilera de dientes blanquísimos.

-Si no corremos, moriremos, muchacha, corremos porque hay que llegar a esa parte cuanto antes. Una vez que hayamos llegado, y si sigo con vida, trataré de encontraros y de echaros una mano. Tratad de aguantar.

No creía lo que veían mis ojos y oían mis oídos: aquel joven era Nicarco de Arcadia...

... -Pero tú... pero yo. -Era inútil: había ya desaparecido, se había calado el yelmo y convertido de nuevo en una máscara de bronce, como los demás, uno de los Diez Mil.

Era un milagro, pensé: si él lo había conseguido, lo conseguiríamos también nosotras.