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lunes, 7 de octubre de 2019

Viajes con Charley: en busca de Estados Unidos. - John Steinbeck

Hablar de un libro que te ha gustado mucho puede ser muy fácil o muy difícil. El que traigo hoy creo que es de los segundos, pero también es posible que me ponga a escribir y me salga del tirón. ¿Quién sabe? El caso es que lo he disfrutado, puede que más por cómo lo cuenta el autor, que por lo que cuenta, pero en cualquier caso, ha sido una muy buena lectura. 

En septiembre hice un viaje por la costa oeste de EEUU y pensé que llevarme a Steinbeck conmigo era una buena idea... Y de hecho lo fue, si no fuese porque el tiempo que dediqué a leer en las vacaciones fue mínimo, así que al final, he terminado de leer su viaje por Estados Unidos después de terminar yo el mío. Y en parte me ha gustado leer sobre sitios en los que he estado recientemente, como San Francisco, pero también es cierto que me habría gustado leer sobre ellos antes para poder releer esos fragmentos (muchos) que, por lo que sea, me han llamado la atención y que he ido subrayando como una loca. 

He oído muchas veces que lo mejor para escribir sobre algo es conocer bien de qué se escribe y eso es justo lo que hace Steinbeck en este libro: conocer su país para poder hablar de él. La mayoría de sus libros los escribió antes de ese viaje, pero creo que, aun así, la intención era buena queriendo informarse.

Como todo buen viaje que se precie, el viaje de Steinbeck comienza con los preparativos: la compra de la furgoneta y el añadido para convertirla en caravana, provisiones, mapas de carretera, libros, un itinerario y, por supuesto, su perro Charley, su fiel compañero. Lo demás va surgiendo sobre la marcha. Poco a poco va avanzando y recorriendo kilómetros, alejándose y a la vez acercándose, ya que, cuanto antes comience su viaje, antes podrá volver con su mujer a casa. De su viaje quiere sacar información tanto de la gente como de los lugares y es que todo va cambiando en función de dónde se encuentre: los colores, las personas, los olores, los atardeceres e, incluso, la manera de preparar el café. 

El clima cambió rápidamente al frío y los árboles estallaron en una explosión de color, no te podías creer aquellos rojos y amarillos. No es sólo el colorido, sino un brillo especial que es como si las hojas se tragaran la luz del sol del otoño y luego la fueran soltando despacito.

Charley, su perro, le acompaña en esta peculiar aventura y no son pocas las veces que hace referencia a él y a la compañía que le hace. Somos testigos de la complicidad que hay entre ellos y del bien que se hacen el uno al otro. Charley es un perrete ya mayor, pero que todavía tiene mucho que decir. Fue educado por franceses y eso, según Steinbeck, hace que Charley se sienta más glamuroso que otros perros. 

En Viajes con Charley, se tratan temas peliagudos de los que muchos americanos se niegan a posicionarse por ser temas incómodos. John Steinbeck intenta, a lo largo y ancho del país, hablar con sus compatriotas de política, pero nadie le habla con sinceridad. Se encuentra con problemas sociales con los que no sabe como lidiar, como la discriminación a los negros. Hay un capítulo, llegando al final del viaje, en el que cuenta cómo una comunidad se vuelve en contra de un colegio en el que se han matriculado dos niños negros haciendo manifestaciones todas las mañanas para abuchear, no tanto a los niños negros, que también, sino a un padre blanco, que lleva todos los días a su hijo blanco, al colegio con dos negros. Muy impactante hasta dónde puede llegar la incultura. 

También se da cuenta el autor de cómo ha cambiado él a lo largo de los años. Nació en California, pero en el momento del viaje, y también de su muerte, vivía en Nueva York. La manera de pensar en ambos estados es muy diferente y él no sabe si se fue a vivir a la costa este porque encajaba mejor con su manera de pensar, o si al irse a Nueva York cambió su manera de pensar. Sea como fuere, hace un ejercicio de quién era y de quién es en el momento de escribir el libro; de cómo es el resto del pueblo americano y cómo, en función de dónde hayas nacido, piensas de una manera u otra. Este libro es un viaje literal a través de Estados Unidos, pero también lo es metafórico; un viaje al centro del pensamiento americano: el suyo propio y el de los demás. 

Seguía siendo la Ciudad que recordaba yo, tan segura de su grandeza que puede permitirse ser amable. 



miércoles, 20 de diciembre de 2017

La Navidad para un niño en Gales - Dylan Thomas

Saqué este libro de la biblioteca después de haberlo visto recomendado en el blog de Meg Cazaestrellas. Ella hizo la reseña del libro "Un recuerdo de Navidad", con la que, por cierto, me convenció completamente. El caso es que Norah Bennet comentó el título del libro que traigo hoy de pasada y decidí buscarlo también.

El cuento es una sucesión de recuerdos, vistos desde el punto de vista de un niño, de cómo vivía los días de Navidad. Contado con nostalgia, desde la edad adulta ya, nos lleva por todas las acciones que acostumbraba a hacer: perseguir gatos, cantar, jugar con la nieve... Y todo rodeado de un ambiente festivo, gente contenta por todos lados, con sus tradiciones y sus momentos para la improvisación.

La idea del libro está bien, pero no es lo que yo andaba buscando. No me ha transmitido gran cosa. Y es una pena porque tenía todas las papeletas para convertirse en un libro al que volver una y otra vez. Sin embargo, me ha dejado un poco fría. Cuando leo un libro me gusta meterme en la historia, sentirme parte de ella, y esta vez no lo he conseguido. ¡Ojo! Con esto no quiero decir que sea un mal libro, ¿eh?; es sólo que a mí no me ha llegado.

Por otro lado es justo decir que la edición de Nórdica es una maravilla. Alterna el texto de Dylan Thomas con las ilustraciones de Pep Montserrat, y éstas me han gustado mucho.


Es un cuento que se lee en un ratito, así que si tenéis dudas o creéis que os puede gustar, os animo a que lo hagáis. La historia no está mal, y tal vez a vosotros sí os transmita el espíritu navideño.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

El chico que nunca existió Sjón

Es la primera vez, que yo recuerde, que leo a un autor islandés. Este libro es uno de los que se ha cruzado conmigo en el trabajo y que me llevé a casa porque la curiosidad me pudo. Es muy cortito y se lee muy rápido. Trata, además, un tema interesante como es la homosexualidad a principios del siglo XX.
 
El libro empieza fuerte, con un chico, el protagonista, practicando sexo oral a un hombre. Tengo que reconocer que me chocó leer ya en la primera página una escena de sexo explícito. No os penséis con esto que acabo de decir que abusa el autor de estas escenas porque no es así. Que las hay es cierto, pero aparecen cuando tienen que aparecer y siempre contado con naturalidad y evitando caer en la ordinariez. El chico se prostituye a otros hombres con toda la discreción posible en un momento en el que la homosexualidad es un tema tabú y prohibido.
 
La aparición de una epidemia provoca que la gente se encierre en sus casas, bien porque se han contagiado y están enfermos o bien porque no quieren contagiarse. Nuestro protagonista colabora durante ese período con el doctor y con una chica que conduce el coche del médico. Esta chica, además de en este momento, aparece a lo largo de la novela en varias ocasiones rondando siempre la mente del chico, lo que me ha hecho dudar sobre sus gustos. Queda muy claro que los hombres le  ponen pero habla de ella como si de una diosa se tratara.

Por último me gustaría mencionar el cine ya que el chico es gran aficionado a las películas. Hay dos salas de cine en Reikiavik y va a las dos siempre que puede. Se mencionan muy a menudo en la novela.
 
El chico que nunca existió es un libro diferente a lo que estoy acostumbrada a leer. Hubo un momento, al poco de comenzar la lectura, que pensé que no me iba a gustar demasiado. También pensé que tal vez no estaba captando toda la esencia de la historia. No sé cómo explicarlo bien pero me resulta un libro sencillo y complicado a la vez. Ahora, dos días después de haberlo leído, pienso en él como un buen libro, uno que me ha gustado y en el que me he descubierto pensando varias veces. Eso tiene que significar algo, ¿no os parece?

Junto a la coincidencia del petardeo del motor y los movimientos de la cabeza y la mano, el chico también empieza a ocuparse de sí mismo. Y aunque esta noche tenía intención de no tocarse, no puede evitarlo...