Hace ya mucho tiempo que Antonio Jareño me ofreció leer su novela No todos moriréis y no me lo pensé. Lo que siento ahora es no haberla leído antes porque he tardado mucho en ponerme con ella.
Llevo ya dos semanas en Chile y aunque estoy conociendo a gente poco a poco es cierto que paso mucho tiempo sola, así que se puede decir que los personajes de esta historia han sido un poco como mis amigos y mis compañeros de viaje.
Andres es un empleado de banca de Murcia. Alonso es cura en Yecla, un pueblo de Murcia. Y Walter es un argentino que trabaja con los vídeos de seguridad de los bancos en Murcia.

Cuando Andres le pide a Walter que le haga el favor de revisar una cinta de vídeo para averiguar si el hijo de una clienta le está robando a su madre éste no lo duda, así que se ponen a la faena y es así, revisando la cinta, como presencian el asesinato de un joven en la puerta del banco. Tienen que ir a la policía pero lo que están haciendo es ilegal y no pueden contárselo a nadie, sin embargo mientras discuten qué hacer ven como el joven vuelve a levantarse y se marcha como si nada.
Las cuchilladas que ha recibido parecen haberse curado y ni siquiera queda un charco de sangre allí donde había caído el chico. El vídeo es muy extraño y Walter decide llevárselo a una convención sobre seguridad para comentarlo con más compañeros. El vídeo no puede estar trucado, ¿o sí? Desgraciadamente Walter se encuentra de cara con alguien que quiere el vídeo a toda costa y acaba siendo asesinado.
A raíz de este suceso Andres se decide a buscar al asesino de su amigo y no duda en hacer las maletas y volar a Berlín para matarle una vez que da con él.
Por otro lado el padre Alonso pide permiso para investigar un suceso extraño que un párraco dejó por escrito muchos años atrás. En el texto el hombre aseguraba haber visto a las mismas personas, con el mismo aspecto con una diferencia de cincuenta años. ¿Cómo podían mantenerse igual después de tanto tiempo? ¿Serían, tal vez, inmortales?
En el aeropuerto Alonso y Andres coinciden. Uno va a Roma y el otro a Berlín, pero no será la última vez que se encuentren y será a raíz de ese segundo encuentro entre los dos donde comienza la verdadera aventura. Los dos buscan algo complicado de encontrar, pero no imposible.
La pareja formada por el cura y el empleado de banca me ha gustado mucho. Se llevan bien y se complementan. Por supuesto se encuentran con muchas trabas a la hora de investigar, los malos, ya sabéis, siempre tiene que haber uno. En este caso es un grupo de gente, con la mano muy larga, que busca lo mismo que Andres y Alonso, encontrar al hombre inmortal, en su caso para investigarle y conseguir a través suyo, la inmortalidad para el ser humano.
Quizás penséis que estoy contando mucho, pero os aseguro que aún queda mucho por descubrir. Personajes muy interesantes y que dan mucho juego. Historias que de repente dan giros de 180º cuando menos te lo esperas.
No todos moriréis es un libro muy entretenido. Me ha gustado mucho y me ha mantenido enganchada hasta que he llegado al final. Para mí el momento de ir a dormir estos días en Chile, que es cuando más tiempo puedo leer, era el momento de reencontrarme con estos curiosos personajes y vivir con ellos sus historias. Me sentía como una compañera más del viaje que estaban haciendo, esperando para ver a dónde nos llevaban las investigaciones.
... y firmo la presente para que cada vez que mi fe se vea sacudida por la duda, algo que me sucede a menudo conforme se acerca el día de mi muerte, haga memoria de este grupo de personas de las que dijo San Pablo en su primera epístola a los Corintios: Mirad, os revelo un misterio. No todos moriremos.
Por último os dejo una pregunta: ¿os gustaría que el ser humano pudiera ser inmortal? ¿Qué haríais con tanto tiempo por delante?