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domingo, 17 de octubre de 2010

Ahora Morris Gleitzman

Un día, paseando por una librería, me encontré con un libro que parecía tener buena pinta. Primero lo regalé, y poco después lo compré para mí. Era un libro pequeño y con un lenguaje muy simple por lo que lo leí enseguida. Acto seguido compré la segunda parte y también lo leí en un suspiro. Continuaba justo donde había terminado la primera parte y la historia me volvió a enganchar. Ahora me he leído la tercera parte y esperaba algo similar a la vez anterior, pero lo que he encontrado no tiene nada que ver con lo que esperaba.

Los nombres de las novelas que estoy comentando son Una vez y Entonces y recomiendo, si las habéis leído y vais a leer también la tercera, que no sigais leyendo esta reseña.

Para los que os hayáis quedado leyendo os diré que para mí es la más floja de las tres partes. No quiero decir con esto que no me haya gustado o que sea un mal libro, pero me parece que todo el mundo se ha quedado un poco chafado al ver que el narrador ha cambiado.

Venga, vale. Mejor centrémonos y comencemos por el principio. Estamos en Polonia. 1942. Felix es sólo un niño, pero vive el Holocausto nazi en toda su crudeza. A lo largo de las páginas de Una vez nos cuenta, a través de su cuaderno amarillo, las historias que le van sucediendo. La mejor de todas esas historias es conocer a Zelda, una niña de seis años, que le acompañará desde ese momento en todas sus aventuras. En Entonces Felix nos sigue contando, siempre en primera persona, por todo lo que tienen que pasar hasta ponerse a salvo.

Sin embargo en cuanto coges Ahora, la tercera y definitiva parte de la trilogía, te llama la atención no sólo que no esté contado por Felix, sino que además sea su nieta la que haga de narradora. Teniendo en cuenta que en la primera parte Felix y Zelda saltan de un tren en marcha para escapar del campo de concentración y que la segunda parte comienza cuando llegan a tierra después de saltar, era de esperar que la tercera parte comenzara con Felix dentro de un escondite bajo tierra, que es como finalizó la segunda parte. Pero no. Morris Gleitzman se la ha jugado y ha cambiado el formato de cabo a rabo. A mí personalmente me habría gustado más si se hubiera mantenido a Felix como narrador. Me habría gustado saber cómo sale de su escondite y cuales fueron sus reacciones ante lo que había ocurrido, que aunque de eso te vas enterando por su nieta Zelda, no es lo mismo que leerlo en primera persona.

En Ahora se cuenta cómo ha sido la vida de Felix desde el final de la guerra hasta sus ochenta años. Cirujano ya retirado se tiene que hacer cargo de su nieta Zelda durante los meses que sus padres están de voluntarios en una ONG. La relacion entre abuelo y nieta no puede ser mejor, pero a los dos les gustaría que Zelda no se llamara Zelda. Es un nombre que conlleva mucha responsabilidad.

Ahora es una historia recomendable. Es tierna y emotiva, aunque sinceramente creo que Morris Gleitzman no ha acertado demasiado cambiando al protagonista.

Él dice que son tres libros que se pueden leer independientes. Puede que tenga razón... Yo, sin embargo las leería bien por orden de publicación que sigue un orden cronológico, o bien tercera, primera y segunda. Entonces es para mí la mejor parte y me parece una buena forma de terminar la trilogía.

UNA VEZ. Todo el mundo merece que le ocurra algo bueno en su vida. Al menos UNA VEZ.

ENTONCES nos escapamos del tren nazi. ¿Es que no sabes nada?

AHORA enfrentarse al pasado es lo más valiente que puedes hacer.

miércoles, 28 de abril de 2010

La ladrona de libros Markus Zusak

Antes siquiera de empezar a escribir sé que la reseña no estará a la altura; sin embargo este es un blog de reseñas de los libros que voy leyendo y no puedo dejar de escribir ninguna. Tengo mil frases para dar comienzo a las ideas que tengo en la cabeza y mil puntos de vista diferentes, pero no soy capaz de decidirme por uno. Así que creo que lo mejor será empezar por contar una pequeña historia en la que a punto estuve de convertirme en una ladrona de libros.

UN PEQUEÑO DETALLE
Estuve a punto.
Lo cual quiere decir que finalmente no me atreví.


Hace varios años, -no sabría decir exactamente cuántos- descubrí un libro en la biblioteca de mi barrio. Por aquel entonces yo no acostumbraba a comprar libros y cada poco tiempo estaba en la biblioteca. Normalmente no iba con un título en la cabeza, sino que simplemente llegaba a la biblioteca y daba vueltas alrededor de todas las estanterias, mirando los títulos y leyendo las sinopsis hasta que daba con un libro que llamaba mi atención. Cuando vi Soldado de la niebla abandonado en una estantería no tuve ninguna duda. Lo cogí y me lo llevé a casa. No recuerdo cuánto tiempo me llevó leerlo y tampoco creo que sea importante en estos momentos, pero lo que sí recuerdo es que el libro me dejó marcada. Sabía que tenía una segunda parte y unos pocos años después lo encontré en otra biblioteca de Madrid. Volví a leer Soldado de la niebla antes de leer la segunda parte y decidí que ese libro tenía que ser mío. -¡Pues compralo como todo el mundo! -estaréis pensando ahora. Sí, si yo quería comprarlo, pero el problema es que el libro estaba descatalogado desde el año 88 si mal no recuerdo. La única opción que tenía era robarlo. Bueno la única opción si quería el libro, claro, porque realmente tenía otra opción... a saber: no robarlo.

Volvieron a pasar varios años y cada vez que entraba en la biblioteca me pasaba a buscar el ejemplar de Soldado de la niebla. Lo abría -siempre por la misma página- y leía un párrafo. Siempre el mismo. Un día de finales del año pasado el libro volvió a mi cabeza como por arte de magia. -Tiene que ser mío... - Tiene que ser mío... - Tiene que ser mío... me decía una voz en mi cabeza. Lo busqué por internet en tiendas de segunda mano, libro antiguo y descatalogado. Imposible. Los pocos ejemplares que había eran carísimos. La idea de robarlo cobró fuerza en mi cabeza a pesar de que sabía que no era capaz de hacerlo. Finalmente el día de nochebuena lo encontré a través de internet en una libreria del centro de Madrid. Costaba 20 euros, lo cual es bastante asequible -aún creo que el librero no sabía el libro que tenía entre sus manos-. Finalmente me cobró 18 euros. No sé porqué me hizo precio-amigo, pero me lo hizo, y además me regaló un separador de libros. Cuando salí de la librería busqué la página 376 y coloqué ahí el separador.

FIN DE MI HISTORIA
Comienzo de la historia de Liesel.
Realmente es la que importa.


Según palabras de la narradora del libro, un corazón de trece años no debería sentirse así. Sin embargo el corazón de Liesel se sentía así y peor.

Llega a Himmelstrasse, en Molching, Alemania, después de varios días de viaje en tren. Iba con su madre y con su hermano pequeño pero sólo ella llegó a su destino. La labor de la madre era conducirles hasta la familia de acogida, pero después volvería sobre sus pasos. El hermano ni siquiera llegó a la estación de tren donde le esperaban.

Una vez en el barrio nuevo Liesel tiene que aprender a convivir con una nueva familia, el matrimonio Hubberman, que a pesar de no tener mucho se desvive -cada uno a su manera- por hacerla feliz y darle lo que su madre y su padre no pudieron.

Cargado de personajes entrañables, como el vecino y mejor amigo de Liesel, Rudy; la mujer del alcalde que le regala libros; o un judío oculto en un sótano que le escribe historias, La ladrona de libros se ha convertido en uno de mis libros preferidos. No me he cansado ni una sola vez de leerlo. Ni he tenido la necesidad de parar y volver atrás por no entender algo. Y lo más importante, el libro me ha conmovido y me ha dado que pensar. Cualquier historia escrita, narrada o filmada sobre el holocausto tiene para mí un gusto agridulce y esta novela no iba a ser menos. Estoy segura de que historias como la de Liesel y toda la gente que la rodeó existieron de verdad a montones. Gente que es capaz de arriesgar su vida por salvar a otra persona. Este tipo de historias hacen que no pierda la fe en el ser humano.

Toda la novela está narrada de forma magistral por una espectadora ajena a las vidas de los personajes que, a pesar de ser decisiva en la historia, no es capaz de decidir en ningún momento el destino de nadie.

--Vi a la ladrona de libros en tres ocasiones.
--Sí, la recuerdo a menudo y conservo su historia en uno de mis múltiples bolsillos para contarla una y otra vez. Es una más de la pequeña legión que llevo conmigo, cada una de ellas es extraordinaria a su modo. Todas son un intento, un extraordinario intento de demostrarme que vosotros, y la existencia humana, valéis la pena.
--Aquí está una más entre tantas.
--La ladrona de libros.
--Si te apetece, ven conmigo. Te contaré una historia.
--Te mostraré algo.

Por supuesto los libros son una parte muy importante en esta historia. Liesel apenas sabe leer y escribir cuando llega a Himmelstrasse, pero después de robar un primer libro le pide a su padre adoptivo que le enseñe. Pasan noches en vela aprendiendo primero las letras del abecedario y los significados de las palabras después, y termina por devorar los libros que caen en sus manos, ya sea en forma de regalo o de pequeño hurto.

Los libros acompañan a la narradora durante toda la historia, y apostaría a que más de una vez se entretuvo más de la cuenta escuchándola leer en voz alta.

Por último destacar el estilo de narración. Siempre con prisas, sin dejar espacio para el suspense. Casi desde el primer momento sabes quien vive y quien muere. Quien continua en la historia y quien no, con lo cual cuando se acerca el final del libro llegas mentalmente preparado para leer lo que viene a continuación. O eso te crees. Porque a pesar de conocer cómo acaba, de conocer cada uno de los detalles, no puedes evitar sentir un nudo que se forma en el estómago, que sube por la garganta y que parece que ni siquiera te deja tragar las lágrimas que se agolpan en tus ojos.

NOTA A TENER EN CUENTA
Creías que estabas preparado...
pero no era verdad.
En ninguno de los casos.
De ninguna manera

Si hubiera podido ver arrodillada a la ladrona de libros junto a su cuerpo diezmado, habría gritado de alegría y girado sobre sí mismo y sonreído. Le habría encantado contemplarla besándole los polvorientos labios devastados por las bombas.
--Sí, lo sé.
--En la profunda oscuridad de mi corazón de siniestros latidos, lo sé. Le habría gustado, sin duda.
--¿Lo ves?
--Hasta la muerte tiene corazón.

viernes, 24 de abril de 2009

Entonces Morris Gleitzman

¿Sabes cuando lees un libro que te gusta, decides comprarte la segunda parte y resulta que te gusta más que la primera?

Pues eso es lo que me ha pasado con este libro.

Entonces es la segunda parte de Una vez. Quizás la gente lo compare con El niño con el pijama de rayas (no sin razón) puesto que ambos cuentan la historia del Holocausto visto desde los ojos de un niño pequeño. Sin embargo, las historias no son del todo iguales.

En Entonces Félix sigue contando su huída junto con Zelda, la niña que salvó en el incendio y a la que considera su propia hermana. Ambos inician la aventura de sobrevivir en la primera parte y continúan estrechando sus lazos en la segunda de un modo triste y tierno a la vez.

En mi opinión cualquier historia protagonizada por niños goza de una simpatía y de una ternura que no son tan fáciles de encontrar en otras historias. Igual que consiguen tenerte con el corazón en vilo todo el tiempo que dura la historia sólo por el hecho de que son niños y los niños, como tal, actúan de forma inconsciente ante cualquier situación.

Me apetece, y a la vez me da miedo, saber cómo terminará la trilogía. Espero, aunque se trate del tema que trata, que por una vez acabe bien una historia sobre el Holocausto.

Entonces nos escapamos del tren nazi. ¿Es que no sabes nada?

sábado, 4 de abril de 2009

Una vez Morris Gleitzman

Una vez no me costó nada leer un libro. Aunque más que un libro parece un cuento. Sin embargo si digo que el protagonista de la historia es un niño judío y que narra como es su vida en 1942 seguro que todo el mundo pensará que nadie en su sano juicio escribiría un cuento para niños con este tema. Entonces digamos que es un libro de fácil lectura. No es muy largo además, motivo por el cual no he tardado nada de tiempo en leerlo.

Félix es un niño que es llevado a un orfanato por sus padres. Sí, por sus padres. Le dicen que tiene que fingir ser huérfano y que pronto irán a buscarle. Sin embargo su amor por los libros le hace escapar del orfanato cuando ve como unos nazis queman los libros (judíos, por supuesto) que había en el orfanato y emprende una búsqueda que le llevará mucho más lejos de lo que a él realmente le habría gustado llegar.

Una vez nos enseña lo fácil que podría ser la vida si la mirásemos desde los ojos inocentes e ingenuos -a veces demasiado ingenuo quizá- de un niño pequeño. Ojala todo fuera tan tan fácil.

Con respecto a la frase que suelo poner, he decidido poner únicamente la que aparece en la portada del libro, ya que no quiero desvelar ningún punto que pueda resultar importante en un libro tan sumamente corto.

Todo el mundo merece que le ocurra algo bueno en su vida. Al menos UNA VEZ.