Ya va para tres semanas que leí Un hijo y aún no sé por dónde meterle mano a la reseña. Un libro que se empezó a escribir hace veinte años, que me duró dos noches entre las manos y para el que no soy capaz de sentarme a escribir una opinión porque cada vez que lo intento no me sale nada.
Está bien. Empecemos por algo: un niño pequeño... No, así no. Guille es un niño que... No, tampoco. Mary Poppins es en parte protagonista... Ay, no, no queda bien...
Supercalifragilisticoespialidoso.
Eso es. Nada que la palabra mágica no pueda solucionar.
Conocemos a Guille en el cole. La profesora está preguntando a todos los niños qué quieren ser de mayor, -imagino que pensando que todos contestarán cosas como futbolista, médico o cantante,- pero cuando llega el turno de Guille él tiene claro que no quiere ser como los demás niños. No. Él quiere ser la mismísima Mary Poppins. La profesora, sorprendida por esta respuesta, decide fijarse más en Guille y finalmente propone al padre del niño unas sesiones de terapia con una psicóloga. Ésta, a través de dibujos, charlas y redacciones va indagando en la vida, no sólo de Guille sino de sus padres también.
Guille vive con su padre mientras su madre está trabajando en el extranjero. Ya sabéis cómo están las cosas con los trabajos, y estando los dos en el paro no tiene más remedio que aceptar el trabajo lejos de su familia para seguir pagando las facturas. Por supuesto que Guille echa de menos la figura materna pero tiene donde refugiarse: en las historias de Mary Poppins que tanto gustan a su madre.
Según avanzamos en la lectura (a una velocidad de vértigo, he de añadir) vamos conociendo la relación padre e hijo y el amor que Guille tiene por la magia de la señorita Poppins. Es maravilloso conocer la historia contada desde el punto de vista de un niño. Sobre todo, porque de verdad parecen las palabras de un niño. Las expresiones, las frases, la inocencia y la lógica infantil que en muchas ocasiones es aplastante.
Otras veces me leía trozos de Mary Poppins, pero no la de la película, que se llama Yuli Andrius porque también es inglesa como mamá, sino la de los libros, que es distinta pero es igual.
Tengo que decir que Guille me ganó con esta frase porque es muy de Íker (mi sobrino) que muchas veces te dice que algo "se parece y no se parece" a otra cosa y te explica qué le lleva a decir eso. Y lo cierto es que después de la explicación siempre tiene razón en que se parece y no se parece.
No quiero contar más de la historia por no destripar nada. Creo que con lo que he contado ya os podéis hacer una idea de la trama, pero sí diré, a modo de resumen, que Un hijo es un libro sencillo, bonito, emotivo, tierno y con un final que te pone un nudo en la garganta. Se disfruta página a página (éstas vuelan) Y es que el poder de Mary Poppins llega muchas más allá de Londres...
Sin duda lo recomiendo. Seguro que también os enamoraréis de Guille.
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Unos días después de terminar el libro tuve ocasión de conocer en persona a Alejandro Palomas en la presentación del libro en Madrid. Me encantó escucharle y conocer un poco más, tanto de él como de Guille, que de alguna manera, son la misma persona. Si tenéis oportunidad de ir a alguna presentación ahora que está de tourné por España no os lo penséis.
Ésta es la segunda novela que leo suya pero estoy segura de que iré leyendo todas. Me ha conquistado con su forma de escribir.
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Unos días después de terminar el libro tuve ocasión de conocer en persona a Alejandro Palomas en la presentación del libro en Madrid. Me encantó escucharle y conocer un poco más, tanto de él como de Guille, que de alguna manera, son la misma persona. Si tenéis oportunidad de ir a alguna presentación ahora que está de tourné por España no os lo penséis.
Ésta es la segunda novela que leo suya pero estoy segura de que iré leyendo todas. Me ha conquistado con su forma de escribir.



