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jueves, 4 de enero de 2018

Dos mil noventa y seis - Ginés Sánchez


No he podido leer esta novela en un momento mejor. Es lo primero que debo decir. Lo segundo, es que espero que no sea premonitoria.
Estamos en el año dos mil noventa y seis, y apenas queda agua en el planeta. Las lluvias desaparecieron muchos años antes y la poca gente que ha conseguido sobrevivir tiene que luchar contra las enfermedades, las personas que no son de su tribu y contra la propia sequía. El mundo, tal y como lo conocemos hoy, ya no existe y nos encontramos con un mundo post-apocalíptico que podría ser tan real, que he preferido pensar que sólo es ficción y que estas cosas no pasan.
Pero es mentira.
Porque sí pasan.
Están pasando; se llama cambio climático
 Y si algo como lo que ocurre en el libro ocurriese de verdad estoy segura de que las personas actuaríamos igual que los protagonistas de la historia. De manera egoísta. Y cruel. Y salvaje.
No hay empleos, ni centros comerciales, ni nada que se parezca al mundo actual. Lo que sí hay son escondites, pozos de agua tapados con lonas para que no los encuentre nadie, miseria, esclavitud. Y todo ello contado con naturalidad, sin entrar en lo morboso, tal cual es. Y así es como se nos presenta a los dos personajes principales: Andera y Enis, con naturalidad. Se conocen y se juntan cuando se quedan solos. Se necesitan.
Cuando comencé a leer no sabía muy bien qué tenía entre manos, me sentí un poco confusa por la forma de narrar y, sobre todo, por la manera de escribir los diálogos. Sin embargo, al poco de empezar me fui enganchando y ya no lo pude dejar. Se lee bastante rápido porque tiene capítulos cortos, y siempre piensas eso de “uno más y lo dejo”, aunque sabes perfectamente que te va a costar bastante soltarlo.
Es una novela dura, más que nada, porque no es tan descabellado que ocurra algo así. Para muestra el año 2017, que ha sido uno de los más secos en España. Hace poco más de un  mes tuve oportunidad de ver en persona el embalse de Luna, en León, completamente seco, y fue un espectáculo desolador. Reconozco que me habría gustado bajar a verlo y poder descubrir los restos del pueblo que normalmente duerme bajo sus aguas, pero no pudo ser. Lo que sí pude ver durante kilómetros, fue un paisaje arenoso, con piedras de vez en cuando y restos de árboles que aún se mantienen de pie. Lo mismo que se describe en el libro.
La novela nos muestra lo peor, y sí, tal vez lo mejor también, de cada uno. Pero sobre todo nos enseña que no aprendemos de los errores del pasado, que volvemos a repetirlos una y otra vez y que seguirá pasando así por los siglos de los siglos. Creo que es un libro que todo el mundo debería conocer, y aprender de él. Sin duda lo recomiendo.
Nuestro tiempo, Cojo, dijo una noche, el capote echado por encima, la piel blanquísima resplandeciendo a la luz de la hoguera, se acaba.
El mundo, decía, fue una cosa antes. Y ahora es esta otra.
Pero esta que es ahora se acaba también.
Se acaba porque somos demasiado frágiles. Porque lo que anda permitiendo que sobrevivamos se agota.

4 comentarios:

escaleraliteratura dijo...

Lo que está ocurriendo con el cambio climático ha pasado de preocupante a alarmante. Todo lo que se escriba, se informe y se promueva para que tomemos conciencia de la gravedad del asunto es vital para que de una vez por todas se actúe. Por ello tanto este libro como tu reseña son tan de agradecer.

Rocío CazaEstrellas dijo...

Pues pese a tu reseña, me quedo con dudas. No sé si me apetece este tipo de libros ahora mismo. Un besote!

Narayani dijo...

Rocío, entiendo tus dudas. De hecho a mí suele pasarme eso con algunos tipos de lecturas.

Mar, tienes mucha razón, es algo alarmante y la mayoría de gente no hace mucho por detenerlo.

Besos!

Lesincele dijo...

Me gusta mucho los temas post apocalípticos aunque siendo sincera este tema del cambio climático me da muuucho yuyu pero a la vez me apetece leerlo, así que me lo anoto
Un beso!