Autor: H. M. Zubieta
Editorial: SM
Me sorprendí mucho cuando Iker, mi sobrino mayor, me puso
este libro en las manos y me dijo que lo leyera, que me iba a gustar. Él lo
leyó en clase con sus compañeros durante una de las clases de lectura, donde se
van turnando para leer un libro en voz alta entre todos. Después de años
insistiéndole para que lea, no podía decirle que no, así que lo cogí debajo del
brazo y me lo llevé a casa.
Rayo, la afortunada, nace un día de tormenta en una tribu
donde la mayoría de niños y niñas mueren al nacer en invierno. Y, por eso,
porque ella consigue sobrevivir en un mundo y temperatura hostiles, le dicen
que tiene buena suerte, pero que se la da mala a los demás. Otra niña
sobrevive más o menos con su misma edad, pero nace en primavera cuando el
clima era más propicio y nadie ve nada milagroso en que no muera y, por eso,
tampoco molesta a nadie. Su nombre es Jaral porque nació con una marca
blanca en la cara que recordaba a un matorral de jaras. Rayo vive siempre a su
sombra y no por que Jaral lo haga todo bien, sino por que Rayo parece hacerlo todo mal. Y digo parece porque viéndolo desde fuera nos damos cuenta de que solo es una niña que no sabe cómo encajar en un lugar y que da igual lo
que haga que siempre va a caer mal y la van a señalar haga lo que haga.
Dentro de la tribu cada persona tiene un rol, (como en
cualquier sociedad, en verdad), pero Rayo no encuentra cuál es el suyo. Hay un
jefe, un curandero, recolector@s, cazador@s y, desde los más pequeños hasta los
más mayores, todos ayudan y colaboran en el bienestar del pueblo. Ella pasa por
muchos nombres: la afortunada, la corredora, la cazadora, la guía… pero no termina
de encajar con ninguno hasta que la gente del pueblo comienza a caer enferma y decide
marcharse en busca de una cura: ahí se convierte en Rayo, la fugitiva.
A mí, Rayo, me ha encantado, pero también me ha dado mucha
pena. Pena por ella y por las decisiones que va tomando porque, aunque me habría
gustado, no podía acercarme a ella para decirle que algo no iba a salir bien. La
ves equivocarse a veces y otras hacer las cosas bien, pero lo que no podemos
decir de ella es que no lo intenta. Porque lo intenta y va creciendo y la van
aceptando en la tribu y todo parece ir mejor hasta que todo da un giro de 180
grados y nos deja descolocadísimos.
Me ha gustado mucho también la inclusión que existe dentro de la tribu en todos los sentidos: no hay roles específicos para hombres o mujeres, cada uno ve que es lo que se le da mejor y a eso se dedica; también se emparejan con quien quieren sin importar que sean del mismo sexo, simplemente se quedan con quien están más a gusto. Son compañeros de vida. Y sé que esto no debería llamar la atención, pero veo muy importante que los jóvenes (el libro es juvenil) y adolescentes vean con naturalidad todas estas cosas ya que últimamente parece que vayamos hacia atrás como sociedad.
En este pueblo no se juzga.
En definitiva, somos testigos de cómo crece Rayo y se va convirtiendo en una mujer que tiene que recorrer un largo camino, literal y metafórico, para llegar a donde quiere llegar. Lucha por conseguir un objetivo, por ayudar a su pueblo y por ser útil en la tribu y nosotras podemos acompañarla, pero no tomar decisiones por ella y eso, a veces, será más duro que el propio camino.
✨ ¿Qué vamos a encontrar en Rayo, la de los mil nombres?
Familia
Amistad
Trabajo en equipo
Ejemplo de superación
Bullying
Determinación
Representación LGTBI
✨ Frase:
Las cicatrices eran prueba de que uno había vivido; la de la espalda me decía que había sobrevivido a convertirme en mujer.


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