Nerea es una adolescente solitaria, que no tiene amigos, que se siente invisible delante de sus padres y que tiene ganas de cambiar todo eso.
Un día comienza a chatear con Román a través de Tuenti a pesar de que no le conoce de nada. Él le manda una solicitud de amistad, ella le acepta por curiosidad y en pocos días ya está completamente enamorada de su Román. Sus padres, por supuesto, no saben nada y su única amiga, Alba, le aconseja que sea prudente y que no le de demasiada información al desconocido.
Pero Nerea, que tiene a la soledad como su aliada, no escatima en detalles cuando habla con él y finalmente se decide a quedar. Siente que ha encontrado a su alma gemela y tiene miedo a perderle si no queda con él así que un viernes por la tarde, después del instituto, quedan para conocerse en persona. Él es de Madrid y ella de Oviedo y como él está "tan enamorado" de ella decide ir a visitarla a su ciudad. A partir de ahí comenzará un suplicio para los padres de Nerea y para el inspector Pedro Núñez, que es quien se encargará del caso.
En la narración nos encotramos sobre todo en la piel del padre, en la de Nerea y en la del inspector Nuñez pero, a parte de estos personajes, nos encontramos con muchos otros que también son importantes y que siempre vamos a saber qué pasado tienen y cómo éste puede afectar al tiempo presente. Todo el mundo tiene un motivo para actuar como actúa, ya sea para bien o para mal.
El padre de Nerea me ha encantado. Es un personaje entrañable, completamente abatido ante la desaparición de su hija (de la que nos enteramos en el primer capítulo) e incapaz de hacer algo útil para hallar el paradero de su hija. Un hombre que quizás no haya sido el mejor padre del mundo, pero para quien su hija lo es todo. Un amor incondicional como sólo unos padres pueden dar a sus hijos... aunque no se haya preocupado en demostrarlo.
El inspector Nuñez es un hombre solitario, que ha dedicado toda su vida a investigar crímenes y que no dejó un momento libre para vivir su vida. También me ha gustado mucho este personaje. Pone todo su empeño en encontrar a Nerea y a la persona que se la ha llevado y lo hará con otros dos policías: Juanjo y Alberto.
La novela me ha gustado mucho, muchísmo. Me ha impactado, me ha emocionado y me ha dado en qué pensar. Es una hstoria desgarradora y sin duda tardaré en dejar de pensar en estos personajes.
Algo que no me ha gustado del libro (por buscarle algún pero) ha sido la maquetación y que se ha escapado alguna falta de ortografía (mínimas pero que llaman la atención de los que somos quisquillosos, lo siento) pero vamos, que no son ni mucho menos tan graves como para no recomendarlo. Todo lo contrario, creo que es un libro que merece la pena ser leído, que inspira lástima, amor, emoción y rabia. Que a veces te invita a gritar a Nerea que no sea tan tonta y al inspector que haga otras preguntas a los sospechosos.
En fin, que me ha gustado mucho. Tal vez haya sido porque me ha traido muchos recuerdos de tiempos pasados y me ha hecho pensar en muchas cosas...
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...Hace unos años, demasiados ya, "tuve" una "relación" por chat con un chico de Sevilla. Hablábamos durante horas y yo llegué a un punto en el que le ponía por delante de mis amigos de carne y hueso, los cuales llegaron a increparme en varias ocasiones y me criticaron por dedicarle tanto tiempo a alguien que no conocía. No recuerdo ya cuánto tiempo duró esto, unos meses, no sé si más de un año, pero lo que sí es cierto es que esa "relación" me absorbía por completo. Mis padres también se dieron cuenta y andaban con la mosca detrás de la oreja pero como al final se me fue pasando no tuvieron por qué preocuparse más aunque me llevé varias charlas por su culpa...
Esto ocurrió cuando yo tenía más o menos dieciocho años y, a pesar de lo que todo el mundo pensaba de mí, yo era la mar de desconfiada. Mi amigo y yo quedamos una vez, pero yo jugaba en casa, y no corrí peligro alguno en esa quedada. Nos vimos en Madrid, aprovechando que él tenía que pasar por mi ciudad y tenía unas horas libres, y fui yo quien eligió los sitios a los que iríamos y la que sirvió de guía. No abandonamos la calle ni los lugares llenos de gente en ningún momento.
Realmente creo que se puede conocer gente, hacer amigos e incluso encontrar pareja a través de redes sociales, chats y páginas de contacto, pero también creo que son un arma de doble filo y que pueden resultar dañinas y peligrosas en las manos equivocadas.
Mientras leía El peligro de llamarse Nerea no he podido evitar recordar todas esas conversaciones que tuve con mi amigo durante tantos y tantos meses. Conversaciones en las que me reía (él tenía buen sentido del humor) y en las que me sentía especial. Tampoco he podido dejar de sentirme identificada con Nerea, el patito feo del colegio (aunque ahora sé que no lo era) y la que no encajaba con casi ningún grupo de niños y niñas. Igual que Nerea.
Lo que nos diferencia a Nerea y a mí es lo que he apuntado un poco más arriba: la desconfianza. Siempre he sido desconfiada, no lo puedo evitar y creo que eso me ha librado de muchos marrones en mi vida. Mi amigo resultó ser un chico normal y corriente con el que al final dejé de tener relación, se desgastó con el paso del tiempo, pero no he podido evitar pensar que algo que parecía tan inocente podría haber terminado de una forma bien distinta. Locos hay por todos lados y se van modernizando con los tiempos. Antes acechaban en las sombras a sus victimas, ahora las acorralan y manipulan desde un ordenador o un dispositivo móvil y eso es algo que da miedo. Da mucho miedo.
Ahora tengo treinta y dos años y veo las cosas de otra manera, hago amigos de otra manera y confío en gente que no conozco en persona.
Si has llegado hasta aquí, quizás también te estés preguntando cómo de seguras son las redes sociales, los blogs o los foros; si la gente que está detrás de un nick es de fiar o no sólo porque tenga la misma afición que nosotros o si es seguro conocernos en persona. Yo creo que sí, igual que lo creía con dieciocho, siempre que se utilice el sentido común, ese que tantas Nereas no han tenido a lo largo de los años y que las han llevado a situaciones problemáticas, en muchos casos irreversibles.

