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jueves, 21 de agosto de 2014

El pequeño vampiro se cambia de casa Angela Sommer-Bodenburg

Esos días he estado en el pueblo de mi cuñado y me he encontrado con que su hermano tenía varios libros de la colección del pequeño vampiro así que no lo dudé y, dejando mi libro de lado (otro que curiosamente también es de vampiros), me metí en harina.

He leído El pequeño vampiro se va de casa, que según he visto en la Wikipedia es el segundo libro de la colección. Anteriormente había leído el primero `El pequeño vampiro' y el tercero `El pequeño vampiro se va de viaje´. Son un total de veinte y me he propuesto leerlos todos (en el tiempo que sea necesario no quiero saturarme)

Recordemos que Antón es un niño aficionado a las historias de terror y tiene la suerte de hacerse amigo de un auténtico vampiro, Rüdiger. Un día aparece Rüdiger en casa de Antón y le cuenta que le han expulsado de la cripta por tener un amigo humano así que le pide vivir con él. Antón no lo ve nada claro pero no puede hacer nada por evitar que se instale en su sótano con ataúd incluido. Antón, que teme la reacción de sus padres, intenta por todos los medios que Rüdiger vuelva a la cripta y para ello tiene que vivir un montón de aventuras mientras lucha para conseguir que sus padres no bajen al sótano y descubran todo el pastel.

Pero no todo es agobio, también hay tiempo para la diversión y Antón asistirá a una fiesta muy especial llena de vampiros.

En esta ocasión vuelven a estar los mismos personajes de los libros anteriores, Lumpi el Fuerte, que es terrorífico; Anna, que es muy dulce y que está enamorada de Antón a pesar de que ella es vampiro y él humano; Tía Dorothee, que es más terrorífica que Lumpi; y los padres de Antón.

Este libro sin duda hará las delicias de los más jóvenes de la casa, que tienen entretenimiento para rato con esta colección. Un libro entretenido, divertido y lleno de aventuras que seguro que vivirán con entusiasmo.


Traducción: José Miguel Rodríguez Clemente

martes, 11 de enero de 2011

El pequeño vampiro Angela Sommer-Bodenburg

El otro día, mirando los libros que tenía mi prima en su habitación, me encontré con El pequeño vampiro y El pequeño vampiro se va de viaje. ¡Qué recuerdos!... El pequeño vampiro...

Yo estaba en el colegio aún cuando supe de este personaje. Una niña nueva llegó a clase y al poco nos hicimos amigas (tampoco tenía yo demasiadas amigas en el cole como para no aceptar a la nueva). Yo iba a su casa bastante a menudo, y un día me prestó este libro para que lo leyera. La verdad es que era bastante entretenido leer sus aventuras. Bea, que así se llamaba la chica nueva, me dejó casi todos los libros de la colección y poco a poco nos hicimos fans de los vampiros. Bueno, en honor a la verdad, ella ya era muy fan de las historias de vampiros y me contagió a mí. Se puede decir que me mordió y me inyectó el veneno dentro. Y lo hizo hasta tal punto que por las noches soñaba que volaba igual que Antón, el niño amigo del pequeño vampiro. Eso sí, no llegué al punto de dormir con chupete como hacía ella para desgastar los dientes y que los colmillos parecieran más largos y afilados (esa idea la sacó del libro que acabo de leer)

Antón es un niño pequeño que se queda solo en casa casi todos los sábados por la noche mientras sus padres salen al cine o al teatro. Le gusta quedarse solo porque aprovecha esos días para ver películas de terror en la tele. Uno de los sábados que se queda solo aparece el pequeño vampiro en su habitación y aunque al principio cree que le va a morder y convertir en vampiro, pronto se da cuenta de que viene para hacerse amigo suyo. Desde ese día Antón y Rüdiger se convierten en buenos amigos y viven distintas aventuras juntos. Aventuras que se puede continuar leyendo en otros libros de la colección.

Yo, como ya os he dicho, vi dos libros en casa de mi prima, así que entenderéis que no pude coger uno y dejar el otro allí. Realmente son libros infantiles, pero que en un momento dado (como éste en el que estoy reviviendo parte de mi infancia a través de las lecturas) te entretienen como cualquier otro.

De repente Antón se quedó parado como si hubiera echado raíces...: en el alféizar, delante de los visillos que flotaban con la corriente de aire, estaba sentado algo que lo miraba fijamente. Tenía un aspecto tan horrible que Anton pensó que iba a caerse muerto. Dos ojos pequeños e inyectados en sangre relampagueaban frente a él desde un rsotro blanco como la cal; una cabellera peluda le colgaba en largos mechones hasta una sucia y negra capa. La gigantesca boca, roja como la sangre, se abría y cerraba, y los dientes, que eran extraordinariamente blancos y afilados como puñales, chocaban con un rechinar atroz. A Anton se le erizó el pelo y se le detuvo la sangre en las venas. ¡La cosa de la ventana era peor que King-Kong, peor que Frankenstein y peor que Drácula! ¡Era lo más espantoso que Anton había visto jamás!